Este es un blog de difusión de la poesía contemporánea, con énfasis en la latinoamericana.

TORMENTA
Avanza en la niebla la mañana.
Hay pájaros dormidos en medio del ramaje que ha llorado de luz en el último aguacero.
Tal vez no duerman.
Tal vez entibien entre ellos la flor de la plegaria.
Mis manos son cántaros de letras, cuencos de tejer sobre el dolor los modos del partirse.
Hilo finamente la gasa del desvelo: la huelo, la intuyo, le acuno el temblor de horizonte inasible.
Me he vuelto un ánfora por amar la tormenta, por abrazarme a su piel de obsidiana y aullido,
sembrándole palabras a su grito, siguiéndole la sombra.
¿Quién hubiera podido saber cuánto abrigo las trazas de su miedo,
su desolado corazón de niña, aquel antiguo pavor de disiparse como un ruego de amor arrojado hacia el viento?.
¿Quién hubiera podido saber cuánto coraje tiene mi fe a la hora de alumbrarla
cuando se vuelve un galope de azabaches bajo la escarcha intermitente de la luna?.
Me he vuelto poesía por amar la tormenta que furiosa se revuelve y se lastima en la techumbre oscura,
con sus preguntas que no hallan fácilmente caminos
y atropellan los páramos, rabiosas, malheridas:
¿qué extraño trigal es la ternura?, ¿habrá tibieza en las sombras protegiendo la vida?.
Salida de la piedra mi voz de precipicio ¿serán de amor las letras que nombren y den nido?
¿Podrá la noche, inmensa en su planicie, partirse tras los cascos de mi angustia
y amar mi sed abrasadora hasta pulirla como el oro de los días?.
Me he vuelto tormenta por amar la tormenta.
Me he vuelto irremediablemente su cautiva.