Este es un blog de difusión de la poesía contemporánea, con énfasis en la latinoamericana.
Una sensación de muerte alucinante, estremecía
el cielo de gris, de negro, sin derramarse.
El cofre de las estrellas albergaba otra eternidad. Me sentí
envuelta en un signo tatuado de incertidumbre y locura.
El cielo capturaba el misterio de la lluvia.
Mi llanto era un laúd detenido tan cerca de mi corazón y
de mis labios como el amor.
El estremecimiento era de abandono, de vuelo
contenido, de un deseo más feroz y tierno que el sexo, de
tempestuosa transgresión.
El amor me envolvía en vértigo, en locura, en belleza con
un ropaje semejante al de la muerte. Cualquiera hubiera
huido.
Yo miraba desde el ojo azul de la tormenta, la distancia
que me separaba de un refugio incierto. En este paraje
los barcos partían, y las olas golpeaban el aire cargado de
signos incomprensibles.
Era testigo, pasajera, habitante de la alta marea.
Mis manos amarraban las historias, se ocupaban del
equipaje olvidado, invitaban al viaje. Eran el horizonte y el
destino.